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Europa continúa expiando sus culpas, por George Chaya



Muchos israelíes y palestinos han buscado la paz durante generaciones. Es el sueño al que nadie ha renunciado y que se ha ido renovando cíclicamente en el escenario del Israel actual donde hoy se vislumbra con angustia lo que deparara el futuro. Para los creyentes de las tres religiones monoteístas: judíos, cristianos y musulmanes la hoguera de odio que no cesa representa no solo un drama sino lo peor, algo que se define en una sola palabra: fracaso.

El grupo islamista Hamás equivocó su estrategia en los últimos ocho años con sus “golpes y amagues” al estado de Israel. Israel erró al retirarse de Gaza tres años atrás. Los fundamentalistas leyeron el gesto israelí como signo de debilidad. Hoy ambas dirigencias (y lo que es peor, los dos pueblos) están pagando sus errores.

Lo que se percibía como desenlace, finalmente ocurrió. Israel bombardeó objetivos del movimiento islamista Hamas en la Franja de Gaza destruyendo almacenes de armamento y munición, centros de entrenamiento y estaciones operativas de seguridad causando centenares de bajas entre sus filas. La operación, de la que Israel dio aviso previamente, ha comenzado, y con ella se reaviva el proceso de asunción de culpabilidad histórica (más o menos avanzado) en varios países europeos y occidentales.

En las ultimas horas este “proceso residual, psico-culposo y antisemita” se ha visto acompañado a gran escala desde la prensa occidental en periódicos y agencias cuyos artículos y comunicados (ambiguos en la universalización del conflicto israelí-palestino) parecen ignorar intencionalmente las circunstancias especificas como las particularidades de sus motivos.

No han sido pocas las agencias que, presurosamente (como en 2006 durante la guerra de Israel con Hezbollah) mostraron sus posiciones sesgadas y antisemitas. Ejemplo de ellos son los cientos de artículos que se pueden leer en una importante variedad de periódicos e Internet, muchos de ellos escritos por ecologistas y defensores de los derechos humanos, en definitiva, activistas “de la plumilla pacifista” que hablan de genocidio y holocausto del pueblo palestino pero que ignoran pornográficamente las acciones del grupo terrorista palestino y sus lanzamientos de cohetes sobre la población civil israelí en los días, meses y años previos a la ofensiva de la Fuerza Aérea Israelí.

Lo cierto es que en estas posiciones informativas parciales, subjetivas y racistas puede observarse una cierta asincronía y patrones que despliegan viejas y conocidas posiciones antisemitas, hoy encubiertas en expresiones tales como “antisionismo” lo cual representa en esencia, ni mas ni menos que otra desilusión que la prensa ideológica sesgada disemina a sus lectores muchas veces incautos.

La obsesión con Israel y su conflicto con los palestinos, hace que se llegue afirmar que el Estado Judío representa “el nuevo nazismo” o en el más morigerado de los casos, que es la nueva Sudáfrica del Apartheid, por lo que juzgo innecesario ampliar ejemplos ante semejante discurso que engloba un inequívoco y completo “wishfull thinking”.

Estos dislates universales por un lado alivian el peso de la culpabilidad que conllevan las distintas historias nacionales de no pocos países europeos que jamás afrontaron su responsabilidad durante la era del nazismo, pero la liviandad en la utilización del termino, pretende finalmente mostrar que cualquiera puede jugar “el rol de nazi”, con lo cual, la responsabilidad moral será siempre menos exigente. Después de todo, estos roles se van alterando casi aleatoriamente para muchos medios de prensa europeos temerosos de perder beneficios económicos de los que gozan dada su amistad con las compañías petroleras árabes.

Tampoco ha faltado en las ultimas horas la siempre dispuesta y sesgada opinión de las manifestaciones de gran parte de la izquierda internacional uniéndose al colectivo (a menudo utilitario) de las victimas siempre que no pertenezcan a lo que consideran sus enemigos en lo que configura su ya conocido y reiterado ejercicio de hipocresía universal irrespetando la vida humana, y es allí donde “los campeones de los derechos humanos” miden los muertos según sea el arma que los mata, y a mayor numero de victimas mejor para el aquelarre verbal sobre sangre y muerte que desatan histéricamente. Esto no debe llamar la atención pues existe una tendencia de grandes sectores de la izquierda dogmática a reconocer de manera simplificada a las naciones o pueblos como únicos actores reales en conflictos y situaciones políticas, fuera de todo matiz y diferenciación interna. Así, ellos suelen hablar de “Los palestinos/árabes” o “Los EE.UU.” sustentando sus discursos en posiciones que abrevan en la más oscura ignorancia de la realidad. Del mismo modo que cierto sector del movimiento antirracista internacional reduce a los inmigrantes a la condición exclusiva de victimas. Así, gran parte de la izquierda apoya la lucha contra Israel en términos resistencialistas y rotula como pueblo oprimido al pueblo palestino, pero también lo hace por carencia de conocimientos sobre el conflicto y una alta dosis de antisemitismo.

Todos estos grupos se convierten en instrumentos psicológicos de “alivios de la culpa”, algunos de forma conciente y otros desde la ignorancia, pero siempre prestos a calificar “la nazificación” de Israel insuflan esa fantasía con alta carga emocional casi hasta el paroxismo. Lo que los delata en la irracionalidad de la ideología que profesan y da por tierra con cualquier postulado que pretendan esgrimir “es su apoyo a la muerte y el oscurantismo” que caracteriza el terrorismo islamista.

De allí que estas horas son importantes, el publico debe interiorizarse, leer, investigar, racionalizar y procesar la información que esta recibiendo, pues sin tener en cuenta estos aspectos del neo-antisemismo yihadista apoyado por varios sectores en occidente, la lucha contra el terrorismo mantendrá graves e insalvables insuficiencias. La lucha de Israel contra el terrorismo es un combate inevitable que se debe interpretar apropiadamente teniendo en cuenta la continua transformación de las acciones de los terroristas hacia formas innovadoras, oportunistas y hasta menos obvias. Esta es la responsabilidad que los medios de prensa internacionales deben respetar y rescatar en defensa de lo moral y lo ético, y desde luego el aspecto sobre el cual la opinión pública debe estar atenta sin permitir que se le engañe bajo ningún concepto con información sesgada.

Israel hoy esta luchando para proteger a sus ciudadanos y por su supervivencia misma como en todas y cada una de las guerras libradas por los últimos 60 años. Pero por sobre todo simboliza la primera línea de batalla en defensa de la cultura occidental y Judeo-Cristiana contra el avance de la sin razón, el oscurantismo y el odio. Muchos lo saben en la dirigencia política occidental, por caso el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania condenó a Hamás por el abandono de la cesación del fuego con Israel e instó al grupo a que "de inmediato cese los insufribles ataques con cohetes contra la población civil israelí", el primer ministro británico, Gordon Brown, expresó su preocupación con la situación en Gaza y pidió durante los últimos 5 meses a las facciones palestinas poner fin a los ataques con cohetes sobre poblados y ciudades de Israel. Lo propio hizo el portavoz del Vaticano, el Reverendo Federico Lombarda y el presidente Francés Sarkozy en varias oportunidades el último mes.

Para quienes no conocen el escenario de una región que es “un pañuelo” y las dificultades de una democracia rodeada por países con regímenes muy distintos en valores culturales, el análisis puede ser maniqueo y simplista, cuando no superficial y erróneo, pero la realidad y la cuestión de fondo es mucho más compleja. Por ello, una genuina lucha contra el terrorismo no debe focalizarse exclusivamente en las acciones militares, sino que debe ser sustentada por una información fidedigna y realista y ella no debería apoyarse en la ideología del odio a los símbolos de la modernidad que Israel encarna en la región solo por la cercanía de las relaciones del estado de Israel con los EE.UU., relacionar aspectos relativos a la globalización y al capitalismo como lo pretende la izquierda anacrónica es tan absurdo como inverosímil a los ojos de las personas de buena voluntad y de paz. Algo tan maniqueo y falaz como sostener que los árabes o los musulmanes no pueden ser antisemitas, idea esta basada en “la noción paternalista del buen salvaje”.

Es tiempo (para Occidente) de tener claro el pensamiento que no todo ser humano tiene la misma capacidad moral de distinguir entre el bien y el mal. La ilustración es nuestra principal arma y probablemente la única que disponemos.

Fuente: Diario de América

 
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