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Gran Bretaña rendida al Islam radical, por Rubén Kaplan



El arresto y posterior deportación el jueves 12 de febrero, por parte de agentes de inmigración británicos del legislador holandés Geert Wilders en el aeropuerto londinense de Heathrow, patentiza el miedo cerval y la sumisión de Inglaterra, al Islam radical.

Wilders nacido en Venlo, Países Bajos en la provincia de Limburgo, el 6 de setiembre de 1963, es miembro del Parlamento de los Países Bajos desde 1998, primero por el Partido Popular por la Libertad y la Democracia,(VVD) y a partir de 2006, representa al Partido para la Libertad, (PVV) del que es líder y fundador.

Wilders, quien está bajo continua protección y vigilancia, debido a las frecuentes amenazas a su vida por parte de grupos extremistas musulmanes, había viajado al Reino Unido, invitado por Lord Malcom Pearson, conspicuo integrante de la Cámara de los Lores, para exhibir la película “Fitna” en el prestigioso recinto.

El cortometraje documental “Fitna” producido por Wilders, que tiene una duración de diecisiete minutos, se circunscribe a mostrar versículos del Corán en los que se alienta a la Jihad (guerra santa) junto con imágenes de los ataques terroristas islamitas del 11S en Nueva York, el 11M en Madrid y el 7 de julio del 2005 en Londres, entre otros.

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El film, exhorta a los propios musulmanes moderados para que refinen y depuren (fitna) el Corán, y arranquen de cuajo las páginas que incitan a la Guerra Santa.

En el alegato final de su documental, Geert Wilders recuerda que en 1945 se acabó con el fascismo y en 1989 con el comunismo en Europa, y opina que es imperativo para preservar la libertad humana, detener el fundamentalismo islámico.

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La ONU y el Consejo Europeo, temerosos del Islam radical, condenaron de inmediato la difusión de “Fitna”, mas no pudieron evitar que el corto fuera descargado del sitio de Internet Live Leak cuatro millones de veces en su versión holandesa y más de tres millones y medio de ocasiones en idioma inglés, antes que Live Leak, al día siguiente de su estreno, amedrentado por la amenazas de organizaciones islamitas, decidiera retirarlo.

Geert Wilders, declarado “Hombre del Año” en 2008 por FrontPage Magazine, sindicado por la izquierda, como militante de extrema derecha, se distancia de esa acusación, definiéndose como un libertario, con una mezcla de posiciones independientes de la Comunidad Europea y de un espectro político de la sociedad holandesa, al que atribuye preocuparse sólo por su carrera profesional y no tener en cuenta la voluntad del pueblo. Wilders agregó que “no son mis aliados Le Pen o Jörg Haider”. Éste último, hijo de padres nazis y adalid de la ultra derecha austríaca, falleció en un accidente el 11 de octubre de 2008, al salir de la carretera el automóvil oficial que él mismo conducía, cuando circulaba a más de 140 km/h en un tramo limitado a 70 km/h.

Su inesperada muerte a los 58 años, que grupos nazis presurosamente atribuyeron a una conspiración del Mossad, se debió en rigor, a que conducía su vehículo en estado de ebriedad, luego de haber bebido profusamente en un bar homosexual de Klagenfurt.

Wilders, aseveró que nada lo unía con los grupos fascistas y el Mussolini de Italia.

Al explicar su decisión de negarle la entrada a Inglaterra, el British Home Office, adujo que su opinión “pone en peligro la seguridad pública”

La falaz argumentación, fue refutada por Lars Hedegaard, presidente de la Sociedad Internacional de Prensa Libre. “El Home Office británico, declaró que la restricción a Wilders es para detener el extremismo y que el odio y la violencia de sus mensajes, lleguen a su país”. La apreciación del British Home Office, es errónea. Estas cosas, ya están ahí.

Sin embargo, un portavoz del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, endilga a Wilders ser “un incansable predicador de odio”. El debate que se produce en el Reino Unido, que tiene una población musulmana de 1,5 millones de musulmanes, trae reminiscencias de la polémica que rodea a las relaciones inter-religiosas en los Países Bajos. En su país, Holanda, Wilders aguarda que se sustancie un juicio contra él por haber dirigido y difundido “Fitna” el año pasado. Asimismo, se le imputa incitación al odio por equiparar el Corán con Mein Kampf, el libro de Adolf Hitler. En su descargo, Wilders afirma que la actitud de enjuiciarlo, obedece a razones políticas y un ataque a la libertad de expresión.

Holanda, que pretende enjuiciar a Wilders, parece olvidar el asesinato en el 2004 del cineasta holandés Theo van Gogh por un fanático musulmán, las reacciones desmesuradas por la publicación de unas caricaturas de Mahoma en el periódico danés Jillands Posten en el 2005, y las amenazas contra la diputada holandesa de origen somalí Ayaan Hirsi Ali, por sus denuncias sobre la violencia física y psicológica que padece la mujer en gran parte del mundo musulmán. Ante el riesgo de correr la misma funesta suerte de Theo Van Gogh, con quien Hirsi Ali colaboró en la creación de la película Sumisión, que trataba sobre la condición de la mujer en las sociedades sometidas a las prácticas coránicas, la ex diputada se trasladó a Estados Unidos. Gradualmente, descubrimos una cara turbia en la Europa de las libertades, del derecho de acogida. Ley, tolerancia, civismo, son meros enunciados, según se apliquen.

En nombre del respeto, prevalece la impiedad religiosa, sospechada de culpa.

Todos estos hechos, están concatenados por algo en común. Es la presencia dentro y fuera de Europa de un islamismo fundamentalista que rechaza airada y violentamente cualquier tipo de libertad de criterio referente a la religión mahometana.

Lo sagrado como intocable, concebido como suprema ley, absolutamente incompatible con las normas legales y seculares que rigen en los estados del Viejo Continente.
Quien intentó ser su anfitrión en Gran Bretaña, Lord Malcom Pearson, salió en su defensa declarando que Wilders plantea una de las cuestiones más importantes de nuestro tiempo, “que es el militarismo islámico, la Jihad violenta. Creo que se debería discutir mucho más, en particular entre la gran mayoría de la comunidad musulmana moderada”.

El celo de Inglaterra en evitar el ingreso de Geert Wilders a su territorio, para supuestamente no poner en peligro la seguridad pública, se torna grotesco con la exposición de algunos antecedentes. En 1989 una fatwa que condenaba a muerte al novelista Salman Rushdie por ejercer su derecho a la libertad de palabra como ciudadano británico, se constituyó en un ejemplo de táctica de perturbación y agitación. Otro más ha sido el intento en Gran Bretaña de erigir un Parlamento musulmán que reconozca sólo la legalidad de la ley islámica (Sharia). Un juez, ha prohibido a los hindúes y a los judíos formar parte de un jurado, si se juzga a un musulmán. La comisión Británica para la Igualdad Racial, ha determinado que las industrias faciliten salas de oración para musulmanes. En una ciudad de Midlands, se rechazó una propuesta para renovar una estatua centenaria de un cerdo, por temor de ofender a los musulmanes. El British Council, organización internacional para las relaciones culturales, despidió a un directivo que publicó artículos en el Sunday Telegraph, en los cuales demostraba que las raíces del terror y la Jihad, se nutrían en el fértil suelo del Islam. El Times de Londres vinculó con el terrorismo al Markfield Institute, apéndice de La Islamic Foundation. No obstante, la BBC canceló el contrato de un popular periodista de televisión porque presuntamente, utilizaba un lenguaje negativo para describir la contribución islámica- árabe a la humanidad.

En la Navidad del 2008, el canal de televisión británico Channel Four eligió al siniestro presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, para que enviara un mensaje navideño alternativo. Como era de esperar, su alocución, recibió numerosas críticas. La Cancillería inglesa se manifestó a través de su portavoz: “El presidente Ahmadinejad pronunció una serie de horribles declaraciones antisemitas. Los medios británicos son libres y pueden hacer sus declaraciones editoriales, pero esta invitación suscitará indignación y consternación no sólo aquí sino también en países amigos.

Mientras Ahmadinejad, el desequilibrado y peligroso presidente de la República Islámica de Irán, el mismo que organizó en Teherán un concurso de caricaturas para burlarse del mayor crimen de la historia de la humanidad, negando la Shoá, sigue sin pausa en su afán de obtener armas nucleares y continúa amenazando a Israel con hacerlo desaparecer del mapa, Gran Bretaña, país al que Geert Wilders calificó como al más cobarde de Europa, prohibió la entrada del valiente y esclarecedor legislador holandés, que seguramente no comprenderá entre otras actitudes, por qué, el Gobierno de Su Majestad, eliminó el recuerdo del Holocausto, para no herir la sensibilidad de los musulmanes.

Fuente: Minuto Digital

 
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