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La invasión, por Carlos Semprún Maura



Hace años vi a una madre palestina con doce hijos declarar que ya se le habían muerto tres y que esperaba que cayeran más en esa guerra santa. Lo que no precisaba la señora era que por cada hijo muerto cobraba 50.000 dólares de Saddam Hussein.

Por "arriba", la invasión mahometana consiste en comprar París con sus petrodólares. Bueno, sólo sus barrios chics, sus hoteles de lujo, sus palacetes y sus bancos. El capitalismo islámico ya es propietario de los Campos Elíseos ("la avenida más bella del mundo", dicen los franchutes). Ya tenían el Ritz (y prohibieron la entrada a Salam Rusdhie) y acaban de comprarse el emblemático Crillon –en la Plaza de la Concordia– y una red de hoteles de lujo en París y en las provincias. "Por abajo" la invasión, que ya está teniendo bastante éxito, se basa en la alianza implícita –y a veces explícita– de la extrema izquierda francesa y de la extrema derecha islámica (o al revés, es lo mismo). En los flancos están los famosos suburbios, calificados de "difíciles" por las incapaces autoridades francesas, donde los imanes y los traficantes de droga comparten, o se disputan, el poder real.

Con motivo de la guerra de Gaza, este sábado 10 hubo otra manifestación antisemita y fue más numerosa porque los propalestinos ya han vuelto de sus vacaciones en la nieve. Los sociólogos, los politólogos, los catedráticos y demás ralea podrán debatir durante siglos para esclarecer las diferencias semánticas, políticas y racistas entre el antisemitismo, el antisionismo y el odio a Israel, que reconozco que existen, pero no en las calles de París y de muchas otras ciudades del mundo. Aquí la gente desfiló, como tantas otras veces, con las consignas, las pancartas y los gritos de "¡Israel asesino!", "¡Israel nazi!" y "¡Mueran los judíos!". Como siempre, en los medios de comunicación aparecieron manifestantes ingenuos que declararon que ellos sólo pedían la paz. Me lo creo, no dudo lo más mínimo sobre su imbecilidad (de hecho, conozco a algunos), pero los otros, los más numerosos, sí pedían la guerra, el triunfo de Hamás y la destrucción de Israel.

Se ha glosado mucho durante estos días sobre estas manifestaciones y sobre todo lo relacionado con la guerra en Gaza, y hasta los más moderados, los menos islamofascistas, gimen a gritos: "Sí, es cierto que Hamás es en parte responsable de lo que está ocurriendo, pero Israel mata a demasiados civiles inocentes, como si no supieran que los terroristas palestinos utilizan a los civiles como escudos humanos". Tomemos el caso tan comentado de las víctimas civiles en la escuela de la ONU; ¿quién denunció, aparte de los propios israelíes, que Hamás había instalado morteros en el tejado de dicha escuela? Siempre ha sucedido en las diferentes intifadas que Arafat y sus cómplices lanzaran niños a la vanguardia para proteger a sus milicias y cuando en esas condiciones moría un niño, la foto de su cadáver daba la vuelta al mundo.

Hace algunos años, vi por televisión a una madre palestina con doce hijos declarar que ya se le habían muerto tres y que esperaba que cayeran más en esa guerra santa a las órdenes de Alá, porque al morir de esa manera encontraban una autopista hacia el paraíso. Lo que no precisaba la señora era que por cada hijo muerto cobraba 50.000 dólares de Saddam Hussein.
Con el antisemitismo que reina en la Educación Nacional –el caso Redeker es el más escandaloso, pero no el único– podemos anunciar la buena nueva: Francia se islamiza cada vez más.

Fuente: Libertad Digital (España)

 
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